Antônio Torres, el escritor que surgió del Sertão, por Ascensión Rivas

Antônio Torres, el escritor que surgió del Sertão

Antônio Torres no Museu Rainha Sofia diante do Guernica, de Picasso, em 23/10/2019 (foto: Fernanda Sampaio)

Cada vez que me acerco a la Literatura brasileña encuentro algo que me sorprende, autores que desconocía y que me hacen ver que la realidad puede ser descrita desde puntos de vista diferentes, nuevos para mí. Me ha pasado con Antônio Torres, escritor al que, lo reconozco ahora, no conocía, y cuya lectura me ha resultado conmovedora.

Antônio Torres nació el 13 de septiembre de 1940. La fecha tiene para mí un significado especial, y el conocimiento de este hecho supuso, desde el principio, que mi interés por él y por su obra brotaran de forma natural. Nació en Junco, un pueblo del interior de Bahía que hoy tiene el nombre de Sátiro Dias, y a los 20 años se fue a vivir a São Paulo por motivos de trabajo. Es importante que insistamos en todo esto porque vamos a verlo reflejado en su obra, sobre todo en su novela Essa terra (1976), que es un texto de cierto contenido autobiográfico, una obra en la que el autor aborda el tema de la inmigración de las pequeñas poblaciones del interior hacia las grandes ciudades en busca de una vida mejor, como vamos a ver después.

Antes de dedicarse a la literatura de forma plena, Antônio Torres fue periodista y publicista, aunque ya había dado sus primeros pasos en la creación ficcional con la publicación de su primera novela en 1972. Su título, Um cão uivando para a lua. Con el tiempo, Torres conseguiría una extensa obra literaria que está formada por 11 novelas, libros de relatos, crónicas, memorias y libros para jóvenes. Algunas de esas obras son O cachorro e o lobo (1997) y Pelo fundo da agulha (2006), que junto con Essa terra (1976) forman la “trilogía do migrante”. Con ella se ha dicho, y es cierto, que el autor renueva la literatura sobre el éxodo en el Nordeste brasileño, que tiene sus precursores principales en dos obras maestras de la creación brasileña: Vidas secas de Graciliano Ramos y Morte e vida Severina de João Cabral de Melo Neto.

Además, dentro del género de la novela histórica ha compuesto Meu querido caníbal (2000), que trata sobre Cunhambebe, líder de los tupinambás, y que está ambientada en el siglo XVI; y O nobre sequestrador (2003), sobre la invasión francesa de Río de Janeiro de 1711 comandada por el corsario de Luis XIV. Y en el ámbito de la literatura para jóvenes, por referirme a otro subgénero periférico, Antônio Torres ha escrito el libro Meninos, eu conto (1999).

Nuestro autor, además, ha visto su producción traducida a más de una docena de idiomas, ha sido condecorado por el Gobierno francés como Caballero de las Artes y las Letras (1998), ha recibido el Premio Machado de Assis de la Academia Brasileira de Letras al conjunto de su obra (2000) y forma parte de dicha institución desde 2013.

Una de las características más marcadas de la literatura de Antônio Torres es que muestra la imagen del hombre del campo que migra para la ciudad con el deseo de encontrar una vida mejor, aunque finalmente ese viaje resulta un fracaso, tanto para él como para la sociedad de la que ha partido, porque, a pesar del sacrificio humano y de la inversión personal, económica y social, no sale adelante.

Dice Italo Moriconi en el Prefacio a su edición de Essa terra que la obra “manteve intactos seu frescor e vigor originais, conquistando lugar de destaque entre as obras legadas para a cultura brasileira pela memorável década de 70”[1] (p. 7); y tiene razón. La novela, en efecto, a pesar de que ya han pasado 43 años desde su publicación inicial, mantiene intacta su frescura y su vigor, como asegura Moriconi. También los sentimientos que transmiten los personajes, como vamos a comprobar.

La obra cuenta una historia familiar, en la que todos los individuos se ven envueltos en una situación trágica, y está narrada por uno de los miembros del clan llamado Totonhim. Este personaje, que es uno de los hijos, relata la vida de su familia, fundamentalmente la historia de su segregación, y recoge diferentes momentos que resultan trágicos:

• La marcha de Nelo, el hermano mayor, que viaja a São Paulo con el deseo de salir de la pobreza, de abandonar el campo – el sertão – donde la vida es difícil y está llena de asperezas, para mejorar social y personalmente. El problema se plantea cuando, a pesar del esfuerzo enorme de la familia y del mismo Nelo, este fracasa y se ve obligado a regresar.

• La marcha de la madre y de sus otros hermanos a una población cercana – Feira de Santana –, tratando también de mejorar de vida, infructuosamente.

• La marcha final del padre a la misma población, algún tiempo después.

• La huida de las hijas, aunque tampoco consiguen que su vida mejore.

Se trata, por lo tanto, de la historia de una diáspora familiar porque todos los miembros abandonan el lugar en el que están sus raíces, pero en vez de mejorar, caen en una pobreza mayor que acaba por hundirles desde el punto de vista social – también en lo económico –  y los desestabiliza en el plano personal. Además, el padre pierde las tierras y con ellas el medio de sustento de la familia, y tiene problemas porque debe dinero al banco, que le obliga a plantar sisal.

Las consecuencias de todo ello son terribles:

• Lo peor de todo es el suicidio de Nelo, el hermano que emigró a São Paulo en busca de una vida mejor.

• Pero a ello hay que sumar que la madre se vuelve loca y que tiene que ser ingresada en una institución para que la atiendan.

• Además está la soledad en la que se queda el padre, que arrastra todo el sufrimiento y toda la tristeza por la desintegración familiar, y que tiene que hacerse cargo de los tres hijos pequeños, a pesar de que carece de recursos para hacerlo.

• A lo ya explicado hay que añadir que Totonhim, el narrador, toma la decisión de marchar a São Paulo, con todas las consecuencias que de ello pueden derivarse. Puede implicar (de hecho está implícito en el texto y se desarrolla en los otros libros de la trilogía) que sufra los mismos reveses que sufrió Nelo, que, como sabemos, no soportó la frustración del fracaso y el sacrificio de su familia y acabó colgándose de un árbol.

Además, las relaciones intrafamiliares no son las mejores porque todos los miembros del clan tienen algo contra los demás. Totonhim, por ejemplo, siente que su madre solo tiene ojos para su hijo mayor, Nelo, y que a él nunca le dio el cariño y los cuidados que necesitaba. El padre se duele de que la madre pegue a los hijos, y se dice a sí mismo que él nunca va a levantarles la mano, pero igualmente se lamenta de que los hijos no le han apoyado como habría necesitado. Incluso le duele que su hijo Nelo solo piense en la madre y solo le mande dinero a ella cuando está en São Paulo. Él mismo, llegado el caso, se queja de que su hermano no le apoyara económicamente cuando el banco le exigió que pagara su deuda y él no tenía el modo de hacerlo:

“Sangue do seu sangue, carne da sua carne. Fruto de um mesmo ventre. Ventre de mulher. Bendito é o fruto. Um irmão lhe tomava o que tinha e ainda dava um tapa em suas costas, como se estivesse fazendo um favor”. (p. 73)

Nelo también tiene quejas de sus padres y de sus hermanos, quejas que comparte con Totonhim cuando ambos hablan tras su regreso. Por otra parte, la decisión de este de marchar a São Paulo tiene un claro componente egoísta, y esto lo ve tanto su familia como él mismo. De ahí que intente justificarse y expiar esa culpa por medio de la rememoración de todo lo ocurrido, en lo que supone la justificación última del relato. Y de ahí también que exponga la relación de amor / odio que le une y le separa tanto de su familia como del lugar que le vio nacer. Por eso relata, a modo de ejemplo, que su madre sentía debilidad por su hermano mayor, Nelo:

“nunca mais daría um tostão naquela casa de loucos, ainda que estivesse com o rabo cheio de dinheiro. Podiam morrer todos à míngua, diante dos meus olhos, que eu nem sequer iria me preocupar em enterrá-los. Por tudo o que me fizeram, a vidatosa, e principalmente o que me fizeram durante os anos em que precisei deles […]”. (p. 24)

Que es lo mismo que sentía el padre:

“Nem me fale nisso, pensou, se lembrando da ruindade do filho, a falta de consideração. Dinheiro ele só mandava para a mãe, e assim mesmo parece que até já deixou de mandar. E os recados? Nem tomava conhecimento, era como se um pai não valesse nada.” (pp. 76-77)

La profesora de Literatura Brasileña en la Universidad de Lisboa Vania Pinheiro señala en el Posfacio a la edición de libro (pp. 144-145) que esa ambivalencia está sugerida por los títulos de las cuatro partes en que se divide la obra: “Essa terra me chama”, “Essa terra me enxota”, “Essa terra me enlouquece”, “Essa terra me ama”. En efecto, a la repetición insistente del presentador y del sustantivo (“essa terra”) que pone de relieve la importancia capital del espacio para entender el sentido de la obra, de ese espacio, de esa tierra en la que se encuentran las raíces familiares y que, por eso mismo, es el título del libro, Torres añade sendos verbos contrapuestos dos a dos: me chama y me enxota, me enloquece y me ama. La tierra, por lo tanto, el sertão, se presenta en la novela, al mismo tiempo, como madre y como madrastra, como lugar de acogida y también como espacio para la desazón, que expulsa de sí a los personajes y los enloquece (recordemos que el hermano mayor se suicida y la madre se vuelve loca).

La escritura de la obra, así planteada, tendría para Totonhim, el narrador, un efecto catártico. La catarsis es la finalidad que Aristóteles consideraba propia de la tragedia, aquello que debía conseguir el texto literario. En su teoría, la catarsis tenía sobre el espectador un doble efecto (bien preventivo, bien curativo), que se conmovía al observar los hechos trágicos que le sucedían al héroe, consiguiendo con ello la purificación de sus pasiones. Es cierto que Aristóteles estaba pensando en una tragedia, concretamente la de Edipo, es decir, en la historia de un individuo que, huyendo de lo que los dioses tenían preparado para él, se mete en un laberinto del que no puede salir.

Edipo, como sabemos, es hijo de los reyes de Tebas (Layo y Yocasta), que preguntan al oráculo de Delfos por su futuro. Al enterarse de que va a matar a su padre y se va a casar con su madre, sus padres deciden matar al niño, apartándolo de su lado. Por eso le piden a un guardián que se deshaga de él, pero este, incapaz de hacerlo, se lo entrega a otro guardián, ahora de los reyes de Corinto, que a su vez se lo entrega a sus monarcas ante su imposibilidad de tener descendencia. Edipo, pues, crece en Corinto creyendo que lo hace con sus verdaderos padres. Cuando se hace adulto, él también quiere conocer lo que le depara el futuro y por esa razón pregunta al oráculo de Delfos que, de nuevo, le dice que va a asesinar a su padre y a casarse con su madre. Horrorizado por lo que escucha, Edipo huye de Corinto al creer que aquellos que le han criado son sus padres, e inicia un viaje que le llevará a Tebas. En el camino, Edipo se encuentra con una comitiva en una encrucijada y, por un motivo nimio, mata al hombre que se interpone en su camino. Al llegar a la ciudad de Tebas, consigue responder al enigma que le propone la Esfinge y su premio es casarse con la reina Yocasta, que ya está viuda. Finalmente, en el caso de Edipo se cumple el oráculo porque, sin saber que aquellos eran sus verdaderos padres, ha matado a uno y se ha casado con la otra.

La catarsis que busca la tragedia se conseguiría cuando del espectador observa unos hechos terribles que podrían sucederle a él, porque el error de Edipo no es de maldad (no es un hombre malo que haya cometido algún delito) sino de desconocimiento (es un hombre que desconoce, que comete un error por no saber), y esto le puede pasar a cualquiera.

Eso mismo es lo que busca Totonhim relatando la historia de su familia. Con su escrito, pretende contar su circunstancia vital y, al hacerlo, desprenderse de toda la presión familiar que siente y de toda la culpa que se abate sobre él, que ha decidido huir de la tierra que le vio nacer para buscar una vida mejor. Contar libera, alivia, y eso es lo que intenta el narrador / personaje de Essa terra al relatar su historia y la de su familia.

En el libro, además, abundan los pasajes llenos de sentimientos de los personajes en los que el lector puede identificarse con facilidad. Así, cuando regresa Nelo, el narrador dice que su hermano,

“não tendo um único palmo de terra onde cair morto, um dia pegou um caminhão e sumiu no mundo para se transformar, como que por encantamento, num homem belo e rico, com sus dentes de ouro, seu terno folgado e quente de casimira, seus ray-bans, seu radio de pilha […] e um relógio que brilha mais do que a luz do dia. Um monumento em carne e osso. O exemplo vivo de que a nossa terra também podía gerar grandes homens[…].” (p. 14)

En esos elementos del aspecto formal sitúa el narrador el triunfo en la vida, pero es que Nelo decide que quiere abandonar la tierra que le vio nacer cuando, con 17 años, ve a tres empleados de banca que llegan al pueblo en un todoterreno, bien vestidos, considerando que esa era la forma de hablar y la ropa de los que tenían éxito con las mujeres (p. 19). El aspecto físico, la indumentaria, marcan las diferencias sociales y Nelo quiere salir del lugar en el que se encuentra para alcanzar otro que considera mucho mejor.

En la tercera parte, cuando se profundiza en la locura que condujo a Nelo hasta el suicidio, el narrador se recrea en contar la mala situación personal por la que atravesaba su hermano, que regresa frustrado a la tierra que lo vio nacer porque no solo no ha mejorado socialmente, sino que además vuelve dolorido porque ha perdido a su propia familia. Su mujer le abandonó por un baiano, llevándose con ella a sus hijos, y esto le hace sentir un dolor inmenso. Así se dirige Nelo a su mujer en la soledad de una noche en el sertão:

“Tudo agora era uma imensa e exasperada saudade. Digam o que quiserem, mas uma cidade é outra coisa.- Volta, volta vestida de branco e com um laço de fita nos cabelos. Volta, com duas estrelas dentro dos olhos. Volta para os meus braços, com um menino em cada braço.” (p. 99)

Después muestra la desesperación, que está ya anticipando el final:

“Uma confusão de desejos, arrependimentos e dúvidas. Estragado pelos anos, esbagaçado pelo álcool, ja não via por onde pudesse recomeçar” (p. 99)

El narrador, incluso, amplifica el sentimiento de dolor al referirse al sol, responsable de la sequía, de la mala situación económica que imposibilita la regeneración social en este lugar de Brasil, que funciona como epítome de cualquier lugar del mundo en el que los hombres luchan por una mejora que no pueden conseguir. Este fragmento forma parte de lo que le dice Nelo, cercano ya a la desesperación final:

“E este sol ia secando tudo, secando o coração dos homens, secando suas carnes até aos ossos, secando-os até sumirem – e lá se vai o tempo, manso e selvagem, monótono como uma praça velha que faz força para não ir abaixo, como se isso não fosse inevitável, como se depois de um dia não viesse outro com seus dentes afiados, para abocanhar um pedaço das nossas vidas, deixando em cada mordida os germes de nossa morte. Esta é a pior das secas. A pior das viagens. (p. 101)

“Nascemos numa terra selvagem, onde tudo já estaba condenado desde o principio. Sol selvagem. Chuva selvagem. O sol queima o nosso juízio e a chuva arranca as cercas, deixando apenas o arame farpado, para que os homens tenham de novo todo o trabalho de fazer outra cerca, no mesmo arame farpado. E mal acabam de fazer outra cerca têm de arrancar o mata-pasto, desde a raíz. A erva danhina que nasceu com a chuva, que eles tanto pediram a Deus.” (p. 102)

A continuación, oigamos el grito desgarrador de la madre, que aparece en el texto sin signos de puntuación para mostrar mejor su desvarío y su desesperanza:

“Nelo meu filho o fim destas mal traçadas linhas é dar-te as minhas notícias e ao mesmo tempo saber das tuas Como tens pasado? Bem não é? Aquí todos em paz graças a Deus Seu pai bebeu veneno Nelo meu filho essa é que foi a maior tristeza da minha vida. Tenha dó da sua mãe Eu nunca lhe pedi isso é a primeira vez venha buscar Você é a única pessoa neste mundo Faça isso por sua velha e pobre mãe Eu lhe peço –”. (p. 109)

“Nelo meu filho tenho doze filhos é como se não tivesse nehnum Graças a Deus tenho você Graças a Deus –” (p. 109)

Toda la última parte es terrible, con la madre ya loca, expresando a voz en grito las verdades que no mostraría en su sano juicio, verdades dolorosas, amargas y tristes. Dice, por ejemplo, que le hubiera gustado haber nacido hombre ¿El motivo? “Eu quería ser homem para poder mandar no meu destino. Ir para onde bem entendesse, sem ter que dar satisfações a ninguém” (p. 125) E insiste, “Filha. Não me fale em filhas. -Eu quería tanto só ter tido filho homem.” (p. 125).

Totonhim se lamenta también de la educación recibida. No le enseñaron a mostrar los afectos, y eso es algo que lamenta extraordinariamente. Sobre su madre dice:

“Foi a primeira vez que encostou a cabeça no meu ombro. Somos gente bruta. Descohnecemos o afeto. Aquilo que nos oferecem em pequeño, depois recusam. Acho que é a falta de costume. Vestes calças compridas? Então és um homem. E se és um homem, todos os teus gestos têm que ser brutais. Brutalidade. Força. Caráter. Coisas dos homens, como a Santíssima Trinidade.” (p, 125)

Antônio Torres describe un mundo terrible en el que las personas, por sus deficiencias educativas, se comportan como salvajes. Totonhim lo dice en el párrafo que acabo de leer “Somos gente bruta”, y no solamente porque desconozcan cómo manifestar los afectos y cómo actuar y comportarse si son hombres.

Algo aún más terrible le sucede a una de las hermanas, y para contarlo, Totonhim, el narrador, le cede la palabra a su madre, que ha mantenido oculta la circunstancia hasta este momento. Es entonces cuando relata la muerte de Adelaide, una de sus hijas. La versión oficial había sido que la mujer murió de parto, pero la realidad es otra muy distinta. Escuchemos a la madre:

– Adelaide estaba na cama, de resguardo. Tinha tido menino um dia antes. Estava me mostrando o corte na barriga. Chorava. Foi o marido quem tinha feito aquilo. Ciúmes. Ciúmes do médico que fez o parto, veja você. Eu estaba horrorizada, quando ele entrou, atirando. Uma bala pegou na mina perna. As outras foram descarregadas na barriga da sua irmã.

– Então não foi de parto que ela morreu?

– Eu encobri isso de vocês. Não foi de parto”. (p. 126)

La situación de las mujeres, como vemos en el caso de Adelaide, es aún peor. Pero peor aún lo tiene la madre. Ella se vuelve loca tras el suicidio de Nelo, su hijo predilecto, aquel en el que siempre piensa y en el que confía, pero este hecho, que ciertamente es terrible, es solamente la gota que colma el vaso de una vida de dolor. Ya en la infancia, había sido maltratada (“Meu pai me tirou da escola quando escrevi o primeiro bilhete da mina vida para um namorado”, p. 128) y lo mismo le sucede en su juventud y durante el matrimonio. Por eso no quiere que le pase lo mismo a sus hijas aunque, lamentablemente, no puede evitarlo. A otra, Noêmia, el hombre con el que huyó estuvo a punto de abandonarla cuando se quedó embarazada porque no sabía si el hijo era suyo o no. Solo se convenció cuando un médico le aseguró que, en efecto y como decía ella, la criatura era suya. Pero la madre tuvo que enfrentarse a él y sufrir toda la circunstancia. Una tercera, Zuleide, se marchó de casa cuando la madre la amenazó con mandarla a vivir con el padre (p. 132). Un año después escribe a sus hermanas para decirles que acababa de tener una hija, solo que para entonces las dos hermanas también habían abandonado la casa familiar.

Luego está todo el sufrimiento con los hijos, la marcha de Nelo a São Paulo, que la deja devastada, su soledad; y todo lo que sufre con las hijas (acabamos de ver cómo a Adelaide la asesinó su marido tras el parto, celoso del médico que la atendió, mientras ella lo ha mantenido en secreto durante años, haciendo creer al resto de los hijos que murió en el parto). En su locura, habla con Totonhim, el narrador, creyendo que es Nelo, y le dice:

Você não sabe o que é uma mãe ter de pasar a vida andando para cima e para baixo, feito louca, tentando achar as filhas. E sempre sem saber se elas vão ser encontradas vivas ou mortas. Você não sabe o que é pasar vergonha, porque você não é mulher e não sabe –as lágrimas descem-lhe pelo rostro carunchado. Rostro de cupim. O cupim do tempo. (p. 129)

Después se mató a trabajar para sacar a sus hijos adelante, pasando necesidades y mucho miedo cuando el dinero de Nelo no llegaba, miedo a que su familia fuera desalojada de la casa en la que vivían porque no podían pagarla.

Lo que queda al final es la terrible desolación de Totonhim, una vez que ha dejado a la madre en el sanatorio y que el padre le dice que él va a morir muy pronto:

“Foi então que comecei a me sentir perdido, desamparado, sozinho. Tudo o que me restava era um imenso absurdo. Mamãe Absurdo. Papai Absurdo. Eu Absurdo. ‘Vives por um fio de puro acaso’. E te sentes filho desse acaso. […] Não morrerás de susto, bala ou vício. Morrerás atolado em problemas, a doce herança que te legaram”. (p. 137)

El problema, no obstante, es que los personajes no han aprendido, a pesar de todas las desgracias que les han ocurrido, y a pesar, sobre todo, de que han visto, por el caso de Nelo, que huir a la gran ciudad no es la panacea. El propio Nelo, cuando regresa, se lo dice a la familia, e incluso les quita la idea de ir a São Paulo, diciéndoles que allí no solo no van a encontrar la solución a sus problemas económicos sino que además, la vida lejos de las raíces y en una metrópoli como São Paulo va a desestabilizarles como personas, que es lo que le pasó a él. Por eso sorprende al final que el padre desee tanto huir, y que el lugar elegido sea São Paulo, y por eso sorprende también que Totonhim, de la misma manera, haya decidido marcharse allí. Y eso con la contradicción que suponen las palabras del padre, que clama porque los hijos, en este caso Totonhim, huyen de la tierra que les vio nacer como si renegasen de ella, en cierto modo:

Você é igual aos outros. Não gosta daqui – falou zangado, como se tivesse dado um pulo no tempo e de repente tivesse voltado a ser o pai de outros tempos.- Ninguém gosta daqui. Ninguém tem amor a esta terra. (p. 138)

Pero los personajes sí aman su tierra, sí sienten que esa tierra, con todo lo inhóspita y dura que es, les pertenece como algo propio, y que están ligados a ella de por vida, independientemente de lo que digan o hagan, de que huyan de ella como Nelo o que se queden como el padre y la madre. Lo malo es la situación social y económica, que les obliga a abandonar, o al menos a querer hacerlo, por imposibilidad de vivir en esa tierra (essa terra) a la que tanto aman, a pesar de que no son capaces de exteriorizar ese sentimiento.

Antônio Torres ha hecho lo más difícil, lo que solo consiguen hacer los buenos escritores. Ha sido capaz de contar la enorme complejidad de unos individuos desclasados que solo quieren mejorar en su estatus, no para ser ricos, como quería el Nelo adolescente, sino para poder llevar una vida digna. Y lo hace mostrando las grandes contradicciones que les asaltan y que nos asaltarían a nosotros si estuviéramos en su piel. Por eso su obra recoge universales: la madre luchadora que no puede más y que ve cómo no ha podido darle una vida digna a sus hijos y a sus hijas; el padre que, a pesar de todo, sigue creyendo en los ideales; los hijos que pelean por conseguir una vida mejor; las hijas, que hacen lo mismo pero que a las dificultades de sus hermanos añaden las que van implícitas por ser mujeres, etc.

Lo que cuenta Antônio Torres en Essa terra es una auténtica tragedia clásica en la que los personajes sufren sin merecerlo, porque como le sucede a Edipo, no han hecho nada para que los dioses les castiguen de ese modo, porque no son culpables de las sequías, ni de las lluvias torrenciales, ni de haber nacido en una familia pobre. Ni siquiera lo son de haber intentado mejorar y haber cosechado fracasos. Ellos, incluso, a pesar de todo, siguen luchando, aunque la suya es una lucha sin esperanza.


[1] Antônio Torres, Essa terra, Rio de Janeiro, BestBolso, 2014.

Ascensión Rivas Hernández ( profesora de la Universidad de Salamanca), en la Residencia de Estudiantes, Madrid, 28 de octubre de 2019.

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Antônio Torres esteve em Madri no passado mês de outubro para umas conferências e uma oficina de criação literária na mítica Residencia de los Estudiantes.

Fiz um exame de DNA, veja o resultado

Eu sou fascinada por assuntos ancestrais. E para descobrir mais sobre os meus, comecei a fazer a minha árvore genealógica no ano passado e depois completei com um exame genético.

Pelo lado paterno (português), consegui avançar bastante, já que Portugal soube conservar muito bem os seus registros paroquiais e teve a deferência de disponibilizar, gratuitamente, os arquivos digitalizados na internet. Consegui chegar até a minha sétima geração (e seguirei). Tais arquivos me levaram a conhecer a minha cidade raíz em Portugal e tive uma grande surpresa ao visitá- la, mas esta história, possivelmente, será contada num livro.

Se você desconfia ou tem certeza de que tem ancestrais portugueses, pode procurar os registros no Tombo.

Já a minha busca pelas raizes brasileiras está sendo infrutífera. No cartório da cidade de Ipirá (Bahia), onde nasceram minha mãe, avós e bisavós, não acharam nenhuma certidão destes últimos, o que impede de avançar. Dos trisavós eu sei os nomes de uma das ramas, nenhum dado mais.

Agora há uma esperança: os mórmons (Igreja de Jesus Cristo dos Santos dos Últimos Dias) estão digitalizando os arquivos paroquiais do Brasil. Registros de nascimento, casamento, batizado e óbito. Estou olhando os de Feira de Santana e Cachoeira, pois no final do século XIX, a cidade de Ipirá (então chamada de “Camisão”) pertencia a estas outras localidades.

Faltam páginas nos livros, há páginas ilegíveis, fora a letra dos sacristãos, que são verdadeiros hieróglifos, parece que escreviam para ninguém entender. Está sendo um trabalho árduo e é preciso ter olho bom e muita paciência.

Se você tem curiosidade em descobrir as suas raízes, algum imigrante europeu que foi para o Brasil ou os registros já citados, vá lá no Family Search. Basta registrar- se, é tudo gratuito. Eu encontrei os registros de imigração do meu pai, avó e tios que imigraram de Portugal ao Brasil nos anos sessenta. Encontrei documentos com fotos deles que não conhecia. E tem uma parte útil disso também, o de resgatar nacionalidades estrangeiras, já que tem muita gente com vontade de morar em países diferentes.

“Quem sou eu?” Quem já não se fez esta pergunta? Pelo menos uma resposta genética é possível.

Eu fiz um teste no “My Heritage”, que é uma empresa de um cientista de Israel, Gilad Japhet, mas o laboratório fica em Houston, nos Estados Unidos. O processo é bem simples. Você faz um registro no site ou aplicativo, pede um kit (agora custa 59 euros) e não demorará a chegar. No kit há duas hastes com algodão compridas, que você irá passar no interior da boca por dois minutos de cada lado e depois colocar dentro de uns tubinhos com um líquido que conservará o seu material genético. Coloca- se num envelope já timbrado e o envio pelo Correio é por nossa conta. Podemos acompanhar no aplicativo o passo- a- passo do processo de extração do DNA. O resultado demora um mês. Veja qual é a minha herança étnica, eu achei incrível, três continentes!

Claro ficou que os meus predecessores também tinham alma imigrante como eu! Esse teste pode mostrar vestígios antigos, de mais de 500 anos. Quanto menos DNA, mais provável que seja antigo. Herdamos 50% de cada um dos pais, 25% dos avós e irmãos, e de bisavós cerca de 12% do nosso material genético. Mas falar de DNA não é coisa simples, é muito complexo, até mesmo para os cientistas.

O My Heritage tem um banco genético enorme e vai cruzando os dados armazenados. Já encontrei primos que jamais pensaria conhecer por causa deste teste. Hoje tenho amizade com uma prima de quarto ou quinto grau, brasileira que mora nos Estados Unidos. E estou conhecendo muita gente interessante. A última foi uma prima da Bahia, compartilhamos sobrenome e genética, além do gosto pelas Letras. Na minha lista há cerca de 1300 primos distantes. Minha mãe e irmãos também fizeram o teste, o que elucidou (um pouco) o que herdei de qual progenitor.

A minha pele é branca, alvíssima…mas vejam: tenho sangue nigeriano, norte- africano (região do Marrocos, Líbia, Egito, Argélia, Tunísia e o Saara, eminentemente muçulmana) e indígena americano. Acho que uma boa tentativa de acabar com o racismo no mundo seria que todo bebê deixasse a maternidade com um teste genético. Meu marido, que também fez o teste, além de ibérico, irlandês e italiano, também é judeu asquenaze (asquenazita, vi que no Brasil também chamam assim, uma gente muito inteligente, a maioria dos vencedores de prêmios Nobel tem essa etnia. Meu marido é inteligente mesmo, casou comigo…hahaha!). Ou seja, ele casou- se com uma pessoa com sangue mouro, “inimigos” (veja o eterno conflito entre muçulmanos e judeus em Jerusalém/Faixa de Gaza/Israel).

Ninguém é puro, homens e mulheres misturaram- se durante milênios. Ter consciência de quem me precedeu enriqueceu- me muito. Comecei a me interessar e a pesquisar sobre esses países, meu mundo expandiu- se.

A minha composição genética/geográfica ancestral faz muito sentido. Eu já montei várias histórias e suposições. E consigo imaginar como deveria ser cada dessas figuras que ficaram marcadas nas minhas células. O corpo conta histórias.

Hoje em dia há correntes que pensam que o DNA não é imutável, que nosso modo de vida, de pensar, de agir e de sentir pode modificá- lo. Veja que livro interessante (esse não tem muito a ver com etnias, é mais sobre saúde e estilo de vida):

Durante muito tempo acreditamos que os genes determinassem nosso destino biológico e que fossem imutáveis, mas recentes descobertas no campo da genética mostram que eles são dinâmicos e podem ser influenciados por diversos fatores. Em Supergenes, a dupla de médicos Deepak Chopra e Rudolph Tanzi discorre sobre como a ciência atual sustenta que nossos genes reagem a tudo o que fazemos, dizemos e pensamos. Oferecendo um cardápio de escolhas para 6 esferas da vida – dieta, estresse, atividade física, meditação, sono e emoções –, em três níveis de dificuldade, os autores também mostram, de forma muito prática, o que devemos fazer no dia a dia para ativar o melhor do nosso código genético pela vida afora.

Eu quis compartilhar com vocês a emoção dessas descobertas. Se você fizer o teste, me conta o resultado depois. Até a próxima!

Um recado no YouTube pra vocês: oficina literária na próxima quarta!

Na próxima quarta- feira, dia 16 de novembro, os convido para uma oficina literária sobre a obra de Antônio Torres, escritor baiano, membro da Academia de Letras da Bahia e da Academia Brasileira de Letras, um dos meus escritores favoritos.


As oficinas são patrocinadas pelo Itamaraty com o apoio do Consulado do Brasil em Madri.

Veja aqui o meu convite no nosso canal do YouTube

“Olhos nos olhos”, crônica de Ana Maria Machado

A“Pátria Educadora” apregoada nos slogans continua nos dando lições. E não apenas com oportunos lembretes sobre a herança greco-romana, neste momento em que historiadores protestam contra a alarmante notícia de que a nova Base Nacional Comum Curricular pretende abolir de vez o estudo da antiguidade ocidental, da Idade Média, do Renascimento e do Iluminismo, além de promover uma degola geral em outros temas. Para salvar um pouco da influência clássica, o Ministério Público e a Polícia Federal vão batizando suas ações de modo a nos lembrar alguns pontos dessa rica contribuição cultural. A Operação Erga Omnes sublinhava que a lei se aplica a todos e ninguém a ela está imune, nem mesmo poderosos empreiteiros. A Operação Catilinárias trouxe à memória os discursos de Cícero contra o corrupto conspirador Catilina no Senado romano. Também em dezembro, com seu nome a se referir aos bem situados e bem postos em cargos estratégicos, a Operação Positus foi deflagrada para apurar fraudes e desvios de milhões do fundo de pensão dos Correios, o Postalis.

Mas nem só de latim vive a educação.

Entre as lições que recebemos nesta Pátria Educadora, uma das mais recentes e necessárias nos foi dada em dezembro pelos ministros Dias Toffoli e Gilmar Mendes, no STF, por ocasião do julgamento do rito do impeachment: pessoas consideradas de campos totalmente opostos podem estar de acordo, em assuntos fundamentais e da maior importância, com argumentos poderosos. Foi o que se viu nos votos dos dois na ocasião. Por mais surpreendente que pudesse parecer. Quem não concordava com a opinião deles nesse momento, como a maioria dos juízes que seguiu o voto do ministro Barroso, podia se basear também em um raciocínio igualmente lógico, convincente, bem fundamentado e respeitável. Ou seja, ninguém é dono da verdade. Conversar com amigos (ou mesmo desconhecidos) pode nos mostrar outro ângulo da questão. Não precisamos de um Fla-Flu simplório e redutor, repetindo posições previsíveis, frases feitas e xingamentos, como o que nos últimos tempos parece dominar qualquer possibilidade de troca de ideias e entendimento de outros pontos de vista, diferentes dos nossos.

Esse fenômeno não é novo. O “nós contra eles” se acentua a cada campanha eleitoral, insuflado pela estratégia marqueteira de transformar adversário em inimigo. Piora muito com o uso de redes sociais em reações exacerbadas e imediatas, muitas vezes manipuladas. Piora mais ainda quando políticos se esquecem de que poderiam, ao menos, pensar no país em primeiro lugar e ter como meta alguma imagem de estadista — mesmo como simples modelo remoto.

Precisamos interromper esse abandono da velha e boa conversa, agora substituída por agressões e ameaças. Não querer impor nossa visão. Ouvir os argumentos alheios. E, se não nos convencem, argumentar de volta, em vez de desqualificar o outro. Mais razão e menos paixão.

Sabemos que, ao se eleger por pequena diferença, a presidente não fez o gesto de estender a mão aos adversários. Mas também o adversário, que elegantemente soube reconhecer a derrota e cumprimentar a vencedora, em pouco tempo estava mudando, em busca de atalhos fáceis (como sugestões de recontagem de votos e alianças diabólicas em busca de impeachment). Foi uma pena não ter se mantido fiel a sua promessa inicial após a eleição — a ideia de que a oposição iria constituir um shadow cabinet e que esses especialistas, ministros na sombra, produziriam um projeto alternativo para o país, enquanto não chegasse sua hora de ocupar o poder. Teria sido útil.

Quem acabou propondo possíveis saídas, com “Uma ponte para o futuro”, foi o PMDB, da base aliada. Sua Excelência, o Fato, traz a lógica ao debate. E algumas reformas estruturais inevitáveis, como idade mínima para a aposentadoria, o fim de privilégios inaceitáveis na área de pensões e flexibilização de regras trabalhistas vão aos poucos sendo ventiladas pelo próprio governo — que chega a admitir erros, pela boca do ministro da Casa Civil. Agora até mesmo a presidente reconheceu que não soube avaliar as consequências de sua política econômica. Antes tarde do que nunca.

Pode-se, por exemplo, debater o parlamentarismo, tema levantado logo no início da crise por Eduardo Jorge, do PV, e, em seguida, mantido em foco por políticos de um espectro variado, de José Serra a Roberto Freire, passando por formas híbridas de semipresidencialismo e semiparlamentarismo, lembradas por outros. Não para mudar as regras no meio do jogo e reduzir os poderes de alguém eleito segundo outro modelo. Mas para o futuro, a fim de que o assunto deixe de ser tabu ou remédio mágico, lembrado apenas quando se evidencia que o sistema de pesos e contrapesos não está funcionando a contento e faz falta a garantia constitucional de uma função moderadora.

E no plano pessoal, em vez de hostilidade e ameaça de olho por olho, ainda é bom ouvir Chico: “Olhos nos olhos quero ver o que você diz”.

O Globo, 09/01/2016

Antônio Torres e a alegria

Três excelente surpresas, vamos lá!


Quem me conhece sabe que o meu escritor brasileiro contemporâneo favorito é Antônio Torres. Era apaixonada por sua escritura muito antes de saber com detalhes quem era a pessoa por trás de “Essa Terra“. E acredite, a pessoa é grande como a sua obra. Não é à toa que tornou- se imortal!

Felicidade para mim é livro bom. Literatura salva de um monte de coisas, sabe? Felicidade dupla é ficar em uma fila e ter um livro autografado por um grande autor. Felicidade que ainda não tem nome é receber pelo correio, do próprio autor que você adora, uma obra autografada. Quem gosta de livro me entende, não é?!

E a alegria chegou muitas vezes através do meu queridíssimo Antônio Torres, que já me enviou  lá da linda Petrópolis (RJ) os livros: “Um táxi para Viena d’Áustria“, “Pelo fundo da  agulha”, o PDF de “Sobre pessoas” (resenha em breve).

E essa maravilha de hoje, surpresa número um! O último livro de Antônio Torres “O centro das nossas desatenções”, que originalmente foi publicado em 1996. E agora em 2015, ganhou uma nova edição caprichada e cheia de gravuras, editada pela Record (resenha em breve). Foi uma edição comemorativa dos 450 anos da cidade do Rio de Janeiro. O lançamento foi bem legal, teve uma caminhada temática guiada pelo prof. João Baptista Ferreira de Mello pelas ruas do centro e no final, mestre Antônio fez uma sessão de autógrafos. Veja o vídeo onde o autor explica sobre a obra.

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A orelha:

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Apaixonado pelo Rio de Janeiro, o baiano Antônio Torres já transformou a cidade em personagem mais do que em cenário (…)

A contracapa:

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Um pouco da bio e bibliografia. Antônio Torres ocupa a mesma cadeira que Machado de Assis. Ilustríssimos!

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Surpresa número dois! Meu querido e amado escritor também enviou- me o seu discurso de posse da Academia Brasileira de Letras e com resposta da melhor escritora brasileira de todos os tempos que o Brasil já teve, Nélida Piñón! Sou ou não sou uma privilegiada?! Veja:

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Agora só vou mostrar a capa e a folha de rosto, depois vou ler tudo com cuidado e contar para vocês, é a primeira vez que tenho um discurso original da ABL nas mãos! Uhuuuu! Isso é muito especial!

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Terceira surpresa!

Há algum tempo, Beth Almeida, a editora- adjunta do Jornal de Letras, publicação impressa sobre literatura com sede no Rio de Janeiro, cujo diretor responsável é o imortal da ABL Arnaldo Niskier, entrou em contato dizendo que queria publicar a resenha sobre “Pelo fundo da agulha”,  livro maravilhoso do mestre Antônio Torres. Claro que sim, encantada! Passou o tempo e eu não soube nada da publicação (eu moro do outro lado do Atlântico, para quem não sabe). E quem escreve para me contar que viu o artigo no jornal?! O próprio Antônio Torres! Eis aqui na mão, enviado pelo meu querido escritor, como sempre gentilíssimo. Número 198, mês de fevereiro/2015:

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A capa do jornal, com o popular sambista Martinho da Vila (76 anos, não parece de jeito nenhum!), mas que muita gente não sabe, é um escritor com 13 obras publicadas e tomou posse na Academia Carioca de Letras. Parabéns, Martinho! Sua obra já está na minha lista.

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As alegrias que a Literatura traz. Um post todo em superlativo!


Agora vou fazer como o mestre Antônio (que costuma agradecer assim): obrigada, obrigadíssima, merci, thank you, gracias, grata pelos presentes, pela atenção e por fazer tão feliz essa que vos fala. Antônio Torres é sinônimo de alegria!

Obrigada também ao ilustre Arnaldo Niskier e à gentil Beth Almeida pela oportunidade.

A ABL é branca e masculina desde 1897

Pesquisando a história da Academia Brasileira de Letras, constatei o seguinte:

  • Dos 288 acadêmicos da ABL em toda a sua história, não existe UM negro, só alguns poucos mestiços, que para o padrão brasileiro nem são considerados negros. Índio nenhum, zero.
  • Dos 288 acadêmicos da ABL  de toda a sua história, só ingressaram 8 mulheres.
  • Dos 288 acadêmicos e acadêmicas da ABL, não existe, nunca existiu UMA ÚNICA mulher negra ou índia.

Estatuto da ABL:

Art. 2º – Só podem ser membros efetivos da Academia os brasileiros que tenham, em qualquer dos gêneros de literatura, publicado obras de reconhecido mérito ou, fora desses gêneros, livro de valor literário.
As mesmas condições, menos a de nacionalidade, exigem-se para os membros correspondentes.

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Academia Brasileira de Letras no Rio de Janeiro

A acadêmica Rosiska Darcy de Oliveira, que tem uma vasta obra feminista, sobre direitos humanos e igualdade, poderia começar pela própria casa e fazer uma campanha interna em prol do que defende, do que defendemos.

A Academia Brasileira de Letras é uma instituição privada, que tem a missão de fomentar as Letras e a Literatura no país. Querendo ou não, acaba tendo uma função social, mesmo porquê, seus membros escrevem sobre essas questões, ficção ou não. A Academia dá prestígio e visibilidade, além de aumentar a renda dos seus membros segundo este artigo de 2010. Não está escrito nos seus estatutos, mas não estaria mal que dessem exemplo de igualdade de gênero e racial, já que o nosso país é assim, mestiço (como seu membro fundador, aí mora a ironia). Quando os brasileiros de origem africana entrarão na Academia?

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Os primeiros membros, nenhum africano, mas era outra época, o Brasil havia acabado (oficialmente) com a escravidão há pouco tempo, os negros estavam ainda nas senzalas e nas cozinhas. Mas, e agora?! De pé: Rodolfo Amoedo, Artur Azevedo, Inglês de Sousa, Bilac, Veríssimo, Bandeira, Filinto de Almeida, Passos, Magalhães, Bernardelli, Rodrigo Octavio, Peixoto; sentados: João Ribeiro, Machado de Assis, Lúcio de Mendonça e Silva Ramos (nem todos na foto foram membros da ABL).

Será que no Brasil não existem escritoras e escritores negros e índios? Estamos em 2015 e a Academia não deve comportar- se como a época da sua fundação, quando a monarquia dava o tom das ações e condutas, mesmo quando já era república e os africanos e descendentes não tinham acesso à escolarização. A Academia deveria representar a sociedade atual, em suas várias cores, valores e gêneros de nossos intelectuais brasileiros, isso não alteraria a tradição e nem os princípios da Academia, só a traria para o século XXI. Fosse hoje, Machado faria assim, talvez nem imitasse a Academia Francesa, será? Talvez estivesse numa mesa de bar cantando com Zeca Pagodinho ou Martinho da Vila que, coitado, ficou “chateadinho”, por não ter recebido um único voto para ingressar na ABL.

Talvez Machado estivesse trazendo aos olhos do grande público, a obra da mineira Conceição Evaristo, que saiu da favela e chegou até o Salão do Livro de Paris  desse ano. A própria autora sentiu- se como uma “fruta rara”. Sentiu olhares de estranhamento. Que pena, não é? Ela é uma escritora brasileira, o Brasil, a ABL, todos os cidadãos deveriam tratar melhor seus talentos (se os de casa não tratam, os de fora vão tratar?!). Conceição cita outras escritoras que não têm o devido reconhecimento : Geni Guimarães, Mira Alves, Lia Vieira e Ana Maria Gonçalves. Todas entrarão para a minha lista de leituras.

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A escritora Conceição Evaristo, que esteve no Salão do Livro 2015

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A escritora Ana Maria Gonçalves

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A escritora Geni Guimarães em uma foto muito significativa

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A escritora Lia Vieira

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Mira Alves, escritora e artista plástica

Sinto- me envergonhada por ainda não conhecer essas escritoras, mas outros deveriam estar envergonhados também. Sempre é bom rever conceitos e perceber o que é realmente importante.

A ABL é racista, machista e elitista. Darei minha cara à tapa no dia que os acadêmicos aceitarem para a “imortalidade” uma ex- favelada.

Resenha: “Pelo fundo da agulha” de Antônio Torres

Pelo fundo da agulha (1ª edição em 2006, 4ª edição em 2014) é o terceiro livro da trilogia junto com Essa Terra e O cachorro e o lobo. A saga de Totonhim continua, o nordestino que foi embora para São Paulo aos 20 anos. Antes de ir embora ele viu o suicídio do irmão Nelo na terra natal de ambos. Foi um dos motivos que o fez ir embora. A mãe enlouqueceu e foi internada num hospício em Alagoinhas; o pai em Feira de Santana, cada um para um lado. Totonhim rumo a São Paulo.

– O juízo da gente é assim como aquela linha fininha, que as costureiras enfiam no fundo da agulha. Quando se rompe, fica difícil de fazer remendo. (p.99)

O protagonista de Pelo fundo da agulha é casado, trabalha no Banco do Brasil e é pai de Rodrigo e Marcelinho, ele conta histórias aos filhos antes de dormir, viaja à Paris “em suaves prestações”, foi assaltado em Barbesse. Visita o túmulo de Oscar Wilde e vira flâneur pelas ruas onde pisava Charles Baudelaire. Conversa com o taxista filho de imigrantes armênios, francês, mas considerado cidadão de segunda categoria. Nosso viajante fala francês, portanto. Faz “turismo fúnebre”, interessa- lhe os epitáfios, visita o túmulo de Balzac no Père- Lachaise. E na despedida, o taxista lamenta por seus pais não terem imigrado ao Brasil, aonde os filhos de armênios tornam- se cidadãos de êxito. E agora vem a genialidade narrativa do autor, que arremata com essa frase que condensa todo um sentimento universal e inerente na maioria dos seres humanos: – Aonde quer que você for, vai encontrar alguém com um lugar de sonhos. (p. 30)

Totonhim viaja. A menininha moradora no extremo norte do país estuda na Guiana Francesa para aprender francês e um dia ir morar em Paris.

O desejo era o seu passaporte, ele pensaria. Não, não teria coragem de cortar- lhe as asas, com advertências inúteis: “Assim como os rios, as mais sedutoras cidades do mundo têm suas margens. Você pode estar destinada a cair na pior delas.” (p. 33)

(…) Corre menina, corre. O mundo ficou tão pequeno quanto o fundo de uma agulha. Grande é o teu sonho de criança. (p. 34)

Na página 88 existe uma descrição perfeita do motivo que fazia (e ainda faz) muitos brasileiros do interior escaparem para as grandes cidades do Brasil ou do exterior. Não vou contar, leia. 🙂

A linguagem é contemporânea e o tempo não é lineal, a narrativa acontece em épocas diferentes e em lugares diferentes.  Totonhim jovem empreendendo sua grande aventura na cidade grande e maduro, já na época das memórias. O narrador é onisciente seletivo, vê tudo, sabe de tudo, sabe o que sente o personagem, opina. Essa obra é menos descritiva que as duas primeiras da trilogia, o mundo psicológico é mais intenso, há mais divagações sobre temas variados, como pequenas histórias dentro da história. Viagens, leituras, cinema, música. O tempo vai e volta, o protagonista agora é viúvo e está só. Os filhos crescidos estão pelo mundo. O narrador joga magistralmente com a forma trágica da morte da esposa do protagonista, baleada aos 50 anos pelas costas quando fugia de um assalto. “Mais parece uma colagem de alguma matéria de jornal” (p.62) e o narrador revela o pensamento mentiroso do protagonista que aumentou a idade da mulher e revela, que na verdade, está separado, a mulher não está morta. Criativa essa forma de narrar! O narrador refere- se a “Totonhim” (de Antão, não Antônio como eu pensava) como “senhor”. Filho de Antão.

O tema da terceira idade é tocado sem panos- quentes. É ruim envelhecer pelo lado biológico, a perda de vitalidade e cabelos, as marcas do tempo, as constantes idas ao médico, os exames. A aposentadoria que mata. O taxista da Praça da Sé com 70 anos. Aposentado há 25 anos, o táxi o livrou de uma depressão. – Aposentadoria mata, meu chefe. (p. 62)

E a narrativa volta ao Junco, cidadezinha na Bahia onde Nelo, o primogênito, se enforcou. A mãe enlouqueceu, mas recuperou a sanidade e passa a linha pelo fundo da agulha sem óculos. Totonhim a reencontrou com 75 anos (em O cachorro e o lobo), mas e agora? Os pais estariam vivos?

A viagem de ônibus pau-de-arara da Bahia à cidade de São Paulo é dura, interminável, cheia de incomodidades e dormências, mas também cheia de esperanças e saudades. O espanto da chegada, o formigueiro humano que é a estação de ônibus em São Paulo. A solidão. Todos estão sozinhos. Essa parte emotiva da narrativa rumo ao desconhecido começa na página 91. Eu já fiz essa viagem algumas vezes na minha infância e revivi tudo com a narrativa do mestre Antônio. É assim mesmo, tudo verdade.

Lembra quando “antigamente” existia o vendedor de enciclopédias que ia de porta em porta? E as portas se abriam, sem medo?! Sim, essa profissão existiu no Brasil e foi a primeira (e efêmera) profissão de Totonhim em São Paulo. A narrativa da chegada quebra o estereótipo de uma cidade de São Paulo fria e impessoal.

Já leu “Paulicéia desvairada”, de Mário de Andrade? Um dos autores que Totonhim anotou mentalmente quando passou na biblioteca pública municipal Mário de Andrade. Quer ler grátis? Clica aqui.

Há o preconceito no sudeste contra o nordestino? O Brasil é um país racista ( sempre e ainda)? Basta ler os jornais ou acompanhar as redes sociais que você vai encontrar a resposta, embora os casos rotineiros não saiam nas notícias, são dolorosos igualmente. Esse tipo de obra deve servir como reflexão, auto- análise. O preconceito surge por causa do desconhecimento. De todas as formas,  Totonhim teve uma melhor sorte que Nelo.

A trilogia fecha com chave- de- ouro, “Pelo fundo da agulha” termina  a colcha de retalhos, o quebra- cabeça. Nesse livro são citados quatro suicídios, é um tema recorrente na trilogia. As sagas e dores familiares, essas, as que mais açoitam (na ficção ou na vida).

– Não se mate pelo que acha que deixou de fazer por sua mãe, seu pai, seus irmãos, mulher, filhos, o país, tudo. E, principalmente, por você mesmo. Ou pelo menos que deixaram de lhe fazer. Nem por isso o mundo acabou. Abrace- se sem rancor. Depois, durma. E quando despertar, cante. Por ainda estar vivo. (p.218)

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A minha admiração e homenagem a todos os nordestinos e nortistas que tiveram a coragem de sair das suas cidades/povoados para tentar uma “vida melhor”, normalmente em condições adversas e sem dinheiro. A minha raiz materna, migrante, baiana, nordestina, em especial.

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Abaixo a obra autografada de um dos maiores (senão o maior!) romancista brasileiro da atualidade: Antônio Torres, membro da Academia Brasileira de Letras, membro da Academia Baiana de Letras, premiado e reconhecido no Brasil e no exterior, além de ser uma pessoa gentil e atenciosa com seus leitores.

1925134_479942558795858_1072622277_nAntônio Torres passeando em Curitiba (março, 2014- Facebook do escritor)

A obra:1459657_390445414444358_858928499870928319_n Anoitecia. Lá se fora a Ladeira Grande. Adeus, Junco. Junco: assim se divulgava o nome daquele lugar, que o ônibus ia deixando para trás. Cada vez mais. (p.109)1975018_390445474444352_2332868841897949283_n

(…) e assim adormece, com o coração mais leve, se sentirá um camelo capaz de passar pelo fundo de uma agulha. (p.218)10888948_390445454444354_2860213318269584587_nTorres, Antônio. Pelo fundo da agulha, Record, São Paulo, 2014. 220 páginas

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Está quase no fim do ano, mas espero voltar aqui ainda com mais uma resenha. Até a próxima!